Aerosoles para modelismo: cómo leer la boquilla antes de comprar el bote
Dos aerosoles del mismo tono pueden dejar resultados opuestos sobre una pieza de resina. La diferencia casi nunca está en el color: está en la boquilla, en la distancia de trabajo y en la cantidad de producto que sale por pasada. Antes de pagar por un bote conviene mirar el patrón de abanico, porque define si vas a poder cubrir una superficie curva sin arrastrar producto hacia los bordes.
En piezas pequeñas, un abanico ancho deja demasiado material en el aire y muy poco sobre la superficie. Un abanico estrecho concentra la descarga y suele marcar líneas si no mueves la mano con ritmo constante. La prueba se hizo con pasadas cortas, dejando secar entre capas y observando cómo se comporta el producto en esquinas y ángulos cerrados, donde el aerosol tiende a acumularse y formar gotas que después cuesta lijar.
Calentar el bote antes de agitar cambia la viscosidad interna y mejora la salida del producto. No es un truco de taller: es una forma de que la dilución interna del aerosol trabaje a favor del patrón. Si el bote está frío, la descarga sale irregular y aparecen puntos secos que se notan al lijar. La humedad ambiental también pesa: en jornadas húmedas el secado se alarga y sobre resina puede aparecer un velo blanquecino que arruina la capa base.
Sobre plástico, el aerosol se comporta distinto que sobre resina. El plástico retiene menos el disolvente y la capa seca antes, pero también es más fácil pasarse de grosor en los cantos. En resina conviene trabajar con pasadas más ligeras y esperar entre manos, porque el producto tarda más en asentarse. La cobertura sobre superficies curvas se lee mejor con luz lateral: ahí se ve si hay piel de naranja o si el abanico dejó zonas sin cubrir.
El juicio de esta ficha se limita al método con aerosol y al uso previsto sobre plástico y resina. No hay un bote que gane siempre: hay boquillas que encajan con el tamaño de la pieza y con la mano de quien aplica. Si vas a probar un producto nuevo, empieza por una pieza de descarte, mide la distancia, cuenta las pasadas y anota el tiempo entre capas. Ese registro vale más que la etiqueta del envase.
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